domingo, 30 de marzo de 2008

viernes, 28 de marzo de 2008

Algunos apuntes tardíos sobre el conflicto del campo

• Ya sabemos que los caceroleros que en estos días apoyan los cortes de ruta son los que pedían represión en los piquetes por trabajo. También sabemos que no saldrían a batir el parche contra el hambre y la miseria. ¿Es una paradoja? ¿Acaso el 19 de diciembre las clases medias salieron a reclamar contra la explotación? Aquella vez la génesis fue la expropiación de los ahorros. Pero la bronca logró extenderse mucho más allá de eso. ¿Puede ocurrir lo mismo? Una crisis política como esta puede derivar en situaciones impensadas. ¿O en este país se terminó con el hambre y la miseria?

• Los pequeños chacareros se pararon detrás del programa de la Sociedad Rural. Ellos fueron los que sostuvieron los cortes que aprovecharon los grandes terratenientes. La Federación Agraria debió romper de inmediato con la oligarquía —que existe y está bien vivita. En el campo hay muchas cuestiones por pelear, como la derogación de la ley de la dictadura sobre el peón rural o el desalojo de los pueblos originarios por parte de la patria sojera. Posicionarse contra el campo es posicionarse también contra los pequeños productores. Es pura política: no hay que marginar a los chacareros, hay que convercerlos de que la salida no es la Sociedad Rural.

• Las retenciones sirven pero deben ser diferenciadas. No se puede aplicar la misma carga a un pool de siembra que a un pequeño productor. Ese debería ser el reclamo de los chacareros y no la oposición a las retenciones en general. También el Gobierno se equivocó en esto. Y pagó el error con una crisis política. Por la gran concentración de la tierra, no es mucho lo que dejaría de recaudar.

• ¿Hay dos modelos en juego como dicen? Altamira dice en Crítica de la Argentina: "Se está dando una lucha al interior de la clase dominante. Es un conflicto en el seno de una clase social y no un conflicto promovido por una lucha entre clases enfrentadas". ¿Desde cuándo los Kirchner representan los intereses de los trabajadores rurales? ¿O no es con este Gobierno con el que los señores de la Sociedad Rural levantan plata a paladas? Cuando el jueves le gritaban a Cristina eso de que "acá tenés los pibes para la liberación", ¿de qué liberación hablaban? ¿De la de Repsol y Techint? ¿Quiénes fueron los aportantes de la campaña de Cristina? ¿La militancia organizada o ejecutivos de empresas extranjeras?

• ¿Entonces qué hacemos? ¿Estamos con el Gobierno o con el campo? ¿Con el Gobierno o con los caceroleros? Las opciones son absurdas pero es inevitable tomar posición. Creo que hay que apoyar a los chacareros y repudiar a los grandes terratenientes, a la Sociedad Rural con su lock-out patronal, a las clases dominantes de las que no son ajenas los Kirchner. La Rural y los Kirchner pactarán y los verdaderos trabajadores del campo serán siempre los más perjudicados. Es apenas una idea, incompleta y quizá apurada para estos días.

sábado, 22 de marzo de 2008

Fechas

Las fechas nos encantan. Toda nuestra vida es una efeméride; un eterno recordatorio. Un gran acto escolar. No estaría mal si sirviera para algo. Aunque ahora supongo que recordar siempre sirve; el tema es para qué. Además, para recordar nos atrapan los números redondos. Es casi una mirada periodística de la vida: no nos alcanzan siete años, necesitamos diez. Y además tomamos cierta distancia de las fechas. Al principio recordamos la semana, después el mes, quizá los cincos meses y después el año. Una vez que recordamos el primer aniversario nos vamos liberando de la fecha para traerla año tras año. Y nada más. Como para no emparentarnos demasiado; como para no estar recordando todo el día.

¿Se acuerdan de Julio López? Fueron algunos meses de marchas y movilizaciones; tapas de diarios y revistas; horas de televisión y radio. Los diarios escribían "a una semana de la desaparición", "a dos semanas", "a un mes", "a tres meses". Y aquí hay que ser justos: los medios no llegaron ni al año; lo olvidaron antes. Hoy sólo las organizaciones de derechos humanos –las que se nuclean en Justicia Ya son las que más empujan- recuerdan a López. Porque sólo parece haber razón para recordarlo, para exigir por su aparición en sus aniversarios. Podemos estar muchos días sin Julio López; podemos estar meses. Pero en su aniversario algún diario informará que la causa no avanza, algún funcionario explicará que hizo todo lo que pudo y nosotros estaremos en alguna marcha; diremos que no olvidamos ni perdonamos cárcel y castigo a los culpables el que no salta es un militar, y hasta el año que viene. "Multitudinaria marcha por Julio López", dirá la tapa de algún diario. Y quizá todo quede ahí.

Ahora mismo se cumplirán 32 años del golpe; un número horrible el 32. No es que no se le vaya a dar importancia, pero tampoco demasiada: no son 30 ni 35 ni 40. Son 32. Pero así y todo cada año salimos a la Plaza, marchamos, gritamos, cantamos. Todos los años igual. El 24 de marzo es la fecha para pedir cárcel y castigo. Justicia. Verdad. Desde un tiempo con feriado y todo; el 24 cantamos nuestras broncas. No está mal si no fuera porque naturalizamos las fechas, las hacemos nada más que eso: fechas, calendarios, efemérides. Tendríamos que aprender a recordar todos los días. Aunque sea imposible, aunque nos confundamos. Tendríamos que aprender a recordar el 24 de marzo el 20 de abril. Saldríamos todos a la calle ese día también. Recordaríamos el 24 de marzo un 1° de julio o un 10 de agosto, qué importa si lo que importa es recordar. Y recordaríamos a Julio López todos los días, cada vez que notemos su ausencia. Estaríamos todos los días en la calle rebelada y furibunda; que siempre es más bella así que dormida y silenciosa.

jueves, 20 de marzo de 2008

Tapar el sol con la mano

En 1999, junto a David Bursztyn, entrevisté a Javier Castrilli. Fue casi de madrugada, en el café Road Point. A esas horas, él salía de hacer su columna en el noticiero de Canal 7. Recuerdo que hicimos varias guardias hasta que nos dio la entrevista. Hacía unos meses que Castrilli había abandonado el arbitraje puteando a diestra y siniestra. Y cuando charlamos aquella noche insistió en que al fútbol lo dominaba una mafia. Me pareció un tipo honesto, fiable; muy distinto a ese sheriff del que hablaban y al que uno vinculaba con la idea de mano dura. Castrilli había lanzado una denuncia muy fuerte por ese tiempo: “A los árbitros les recomiendan ver las camisetas antes de cobrar”. Y criticaba feo a Grondona y a Torneos y Competencias.

No sé qué le pasó a Castrilli en el medio como para terminar tan embarrado. Hace unos años iba a hacer una nota en Un Caño sobre ese tema; sobre qué le había pasado, por ejemplo, para aceptar una columna semanal en TyC Sports, algo que choca con su cargo. TyC Sports es propiedad del Grupo Clarín, acaso una de las empresas más interesadas en el negocio del fútbol. ¿Castrilli está en condiciones de tomar medidas que pudieran afectar los intereses de quien le paga un sueldo? Y aunque él dijera que sí, que nada le ata las manos, ¿no es de una total incompatibilidad que trabaje en un empresa que tiene negocios en el área que atiende en la función pública?


Y ahora no me extraña tanta coincidencia entre Castrilli y Clarín. Los dos, a su manera y en su lugar, intentan tapar el sol con la mano. Clarín y Olé ya sacaron de sus tapas los asesinatos de las barras y la batalla por la caja de La Doce. Ayer fue más importante la foto de Zidane junto al empresario uruguayo de medios, Enzo Francescoli. Es patético ver cómo el circo sigue funcionando. No importa si abajo hay una montaña de cadáveres; no importa nada. Y entonces los barras seguirán con su lógica: si los dirigentes, empresarios, técnicos, periodistas y futbolistas hacen sus negocios, por qué no lo vamos a hacer nosotros.