miércoles 23 de abril de 2008

Gelman


Un hombre deseaba violentamente a una mujer,
a unas cuantas personas no les parecía bien,
un hombre deseaba locamente volar,
a unas cuantas personas les parecía mal,
un hombre deseaba ardientemente la Revolución
y contra la opinión de la gendarmería
trepó sobre muros secos de lo debido,
abrió el pecho y sacándose
los alrededores de su corazón,
agitaba violentamente a una mujer,
volaba locamente por el techo del mundo
y los pueblos ardían, las banderas.
(Opiniones, en Gotán, 1962)

viernes 18 de abril de 2008

La represión llega entre el humo


Se puede decir lo de siempre: cuando un conflicto no afecta los servicios que utiliza la clase media no le importa a nadie. Un caso es el de la fábrica recuperada IMPA. El otro es el de Mafissa. Porque a pesar de la versión cándida y angelical que reprodujo la Policía, los trabajadores de Manufactura de Fibra Sintética -una textil ubicada en Olmos- fueron reprimidos ayer y desalojados durante la madrugada después de 150 días de reclamar por la reincoporación de centenares de despedidos y suspendidos. Todo ocurrió bajo las ordenes del juez César Melazo, que contó con la colaboración inestimable de 400 efectivos de la Policía Bonaerense, el Grupo Halcón, Infantería y Caballería. Además, el gobierno de Daniel Scioli puso a disposición helicópteros, como para demostrar que estos aparatos no sólo se usan para sobrevolar la zona de quemadura de pastizales. Si eso ya era suficiente golpe, a 18 trabajadores de Mafissa los detuvieron bajo el delito de "coacción agravada en concurso real con daño calificado". La familia Curi es la dueña de Mafissa. Jorge Curi (padre) fue un defensor tenaz de la dictadura militar, algo que dejó sentado en el libro Arriba Argentina, escrito en 1977. Semejante optimismo para esa fecha lo dice todo.
Pueden enviar su solidaridad con los trabajadores de Mafissa a ceprodh@gmail.com

jueves 17 de abril de 2008

Carta de un periodista

Este viernes será mi último día de trabajo en el querido Zonal Morón/Ituzaingó. He tomado la decisión de renunciar al cargo de redactor que ejercía y, como es de rigor en estos casos, quiero despedirme de los amigos que gané durante mis siete años de permanencia en el diario y de los buenos compañeros con los que compartí muchas tardes entretenidas. Pero no quiero irme sin antes explicarles, a ustedes y también a quienes ocupan los cargos jerárquicos de esta empresa, los motivos de mi retiro.

A fines de marzo la revista Veintitrés me pidió una opinión sobre el rol que cumplen los medios periodísticos y algunos intelectuales en la elaboración del discurso político actual. Yo efectué una dura crítica a lo que se da en llamar el Grupo Clarín y acentué, particularmente, lo que a mi criterio había sido una clara manipulación informativa durante la cobertura del conflicto Gobierno vs. Campo, tanto por parte del diario como de Canal 13 y TN.

En este caso no hice más que expresar, libremente, la vergüenza que me provocó -como periodista pero también como simple ciudadano- el ejercicio "periodístico" del Planeta Clarín y sus satélites. La reacción por parte de la empresa, como es de suponer, fue inmediata. Y hasta la consideré razonable. Es más: a uno de los colegas aludidos, Julio Blanck, le dí explicaciones acerca de por qué yo lo incluía en una lista de hombres de prensa que -desde mi punto de vista- sostienen un discurso "progresista" pero le terminan haciendo el juego al llamado establishment.

Hasta ahí todo bien. Lo que siguió después es distinto. Las autoridades editoriales (en este momento no se me ocurre otro término) le comunicaron a mis jefes que "de ahora en más" dejara de escribir la página 3 del Zonal (que se supone es la más "importante") y que me limitara a hacer -es textual- "notas blandas". Una estupidez, realmente. Pero pocas horas después se emitió otra orden: que no se me autorizara a tomar la totalidad de días de vacaciones adeudados, que había pedido para esta semana. No dieron argumento alguno para justificar la negativa.

La verdad es que por ninguno de estos dos castigos tendría que haberme hecho mala sangre. Sin embargo, dije "basta" y tomé la decisión de no seguir adelante con mi trabajo en el Zonal, harto del doble discurso de este diario, de su hipocresía, de pontificar en sus editoriales y notas de opinión una cosa para después hacer otra. Es tanta la repugnancia que sentí por quienes posan como adalides de la libertad de expresión que me dije a mi mismo: "hasta aquí llegué".

Quiero decir: hace más de 20 años que ejerzo el oficio de periodista; conozco perfectamente los condicionamientos que nos ponen para atenuar o directamente diluir nuestra vocación de contar y decir las cosas como uno cree que son, aun a riesgo de equivocarse. En fin, en casi todos lados he comprobado (eso tan viejo pero siempre vigente) que una cosa es la libertad de prensa y otra la libertad de empresa. Pero lo que viví en Clarín en los últimos tiempos superó todo… Gracias a Dios, ¡todavía tengo vergüenza! Pero lo que ya no tengo es estómago para tragarme las cosas que hace este diario en nombre del periodismo.

A esta altura ya no puedo soportar tanto cinismo. Como cuando desde un título o una nota se insiste en que no decrece el nivel del trabajo en negro y las condiciones laborales son cada vez más precarias, siendo que en todas las redacciones del Grupo se emplea a pasantes a los que se los explota de manera desvergonzada, obligándolos a hacer tareas de redactor por la misma paga que recibe un cadete, sin obra social ni vacaciones. Es el mismo cinismo de despotricar contra la desocupación al tiempo que se lanzan a la calle nuevos productos sin contratar a trabajadores, duplicando y hasta triplicando el horario de los que ya están dentro de la maquinaria. Es el mismo cinismo de presionar a redactores para que se conviertan en editores, bajo la promesa (falsa) de que "algún día" se les reconocerá la diferencia salarial.

Si, como se sostiene el martes 15 en la cotidiana carta del editor al lector, "son los medios y los periodistas los que deben regularse y actuar con responsabilidad democrática", pues bien Sr. Kirschbaum, yo empiezo por esa tarea. Porque si Clarín tanto se rasga las vestiduras asegurando que respeta la libertad de expresión, ¿por qué sanciona a un periodista que vierte, ejercitando esa libertad de pensamiento, una opinión?

Tengo otras cosas para decirle a usted y a quienes lo secundan (si es que a esta altura todavía están leyendo…): la demonización que practica el diario a través de un "inocente" semáforo que cumple la misión de dividir al mundo en ángeles y demonios (según el interés ideológico o comercial del Grupo), ha llegado al nivel de un verdadero pasquín que nada tiene que envidiarle a las publicaciones partidarias. Es peor todavía, porque éstas tienen la honestidad de reconocerse como expresiones de un partido político o de un espacio ideológico. En cambio, Clarín se imprime bajo el infame rótulo de periodismo independiente…

En pos de engrosar la cuenta bancaria se ha perdido todo decoro. Da la sensación de que los que se llaman periodistas o columnistas ya ni sienten un mínimo de pudor por haberse convertido en contadores del negocio mediático, desvividos por saber cuánto dinero ingresa a las arcas; lo único que les falta es salir con el camión de Juncadella. Digo esto porque ha sido patética, en la misma carta del editor del martes 15, la reacción editorial contra otros medios periodísticos competidores que estarían atreviéndose a morder un pedazo del queso que el Grupo quiere deglutirse, como de costumbre, solito y solo, calificando a aquellos de miserables, travestidos y miembros de una jauría. ¡Después cuestionan a D'Elía o a Moyano por las palabras "ofensivas" que lanzan contra el periodismo independiente y democrático!

La mayoría de quienes me conocen saben de mi simpatía y hasta cierta militancia por el peronismo. Pero también saben que no me une ningún tipo de relación con el gobierno, ni con su tan temido Observatorio de Medios, ni con los jóvenes de la Cámpora ni tampoco con sus "grupos de choque". La aclaración vale para que estén tranquilos y no piensen que durante estos siete años fui un agente infiltrado en el Zonal Morón. Simplemente amo el trabajo periodístico, tengo pensamiento propio (aunque, qué le vamos a hacer…: no es el políticamente correcto) y un compromiso de honrar mi oficio.

A Ricardo Kirschbaum, a Ricardo Roa y a tantos otros que mandan les digo que estoy preparado para asumir lo que venga, porque no me extrañaría que las redacciones de otros medios empiecen a recibir llamados telefónicos pidiendo que se me prohíba trabajar de lo que soy. Tan libre me siento, tan espiritualmente íntegro de poderles decir lo que les digo (aunque les resbale), que ya no me importa si la larga mano del Grupo le pone candado a mi futuro para no dejarme otra opción que trabajar como remisero o repositor de supermercado.

Me voy orgulloso de haber seguido aprendiendo lo que es vocación, oficio, dignidad y ejercicio responsable del buen periodismo. Que me lo dieron los jefes de los zonales y un montón de amigos y compañeros a quienes no voy a nombrar para evitarles quedar marcados por mi cercanía afectiva. Me voy avergonzado de la conducta de quienes deberían honrar el trabajo periodístico y no lo hacen.

Claudio Díaz

Humo

¿Qué están haciendo con Buenos Aires? Nos estamos ahogando. Nos tapa el humo, no se puede respirar. El humo está adentro de mi casa, se cuela entre los burletes. ¿Qué están quemando? ¿Quiénes son? ¿Los yanquis? ¿La Pando? ¿Los del campo? ¿Son los nazis con la cámara de gas? Además, con este tufo nos están volviendo locos. Hoy fui a sacar el registro y en esa charla que te dan, uno dijo que así no se puede manejar, que el humo esto y el humo lo otro. Y ayer era la nieve, anteayer el granizo y todos los días es la niebla. Lo del humo es nuevo. Yo intenté decir algo así como que siempre ponemos una excusa para manejar mal, que somos unos hipócritas, pero me interrumpió un señor que aconsejó no ponerse el cinturón de seguridad. A la mujer que daba la charla casi le agarra un infarto al toque. Y el tipo siguió: “Al doctor Alfonsín lo salvó no tener puesto el cinturón, y yo le digo a todos que en la provincia no hay que ponerse el cinturón porque te relojean que no sos de la zona y te afanan”. Ahora a los chorros le cargan los accidentes de tránsito, esto es una locura.
A esa altura ya lo del humo ni asombraba pero uno podía ver cómo todas esas personas eran muy buenitas, respetaban todos los semáforos y llevaban a cabo cada una de las recomendaciones que se hacían en la charla. “Este país es una vergüenza, señora, no se respetan las leyes, señora, cualquiera hace lo que quiere, ese es el problema”, dijo una mujer de lentes oscuros, indignada. Indignadísima: “Mire lo que le hacen a Patti”. Yo ahí mismo me dije: “No fallan, loco, los fachos siempre la cuelan”. Pero la señora siguió enloquecida y así como dijo lo de Patti, también tuvo graves denuncias contra la Policía: “Son unos corruptos, unos corruptos que no controlan nada y se la pasan cobrando coimas”.”Basta”, la frenó una chica que se sentaba a mi lado y que, pude observar, hacía dibujos extraños en una especie de diario íntimo. “Basta, ¿podemos ver el video?”, insistió aunque ni le importaba el video ni nada porque seguía con los dibujitos. Por fin, cuando mi molicie había llegado a un límite, la charla terminó. Afuera el humo empezaba a sentirse como una niebla espesa. En la radio contaban que Patti quedaba libre. “Hijo de puta, por lo menos vas a tener que respirar este humo de mierda”, pensé. Y me acordé de la señora de los anteojos que tan feliz se habrá puesto.
La imagen es de Mirada Celular, el blog que estrenó hace poco Pablo Altclas en Perfil. Aprovecho para recomendarlo.

miércoles 16 de abril de 2008

El hombre del campo

G tomó una aceituna, la metió en su boca y mientras la aprisionaba entre los dientes sólo para sacarle el jugo, dijo: “La otra vez estuve en el corte”. Se tomó su tiempo para esperar reacciones; escupió el carozo, cadáver pelado de la aceituna. En la mesa todos lo miraban. Era una mesa de cumpleaños familiar, todo muy informal; algunos sanguches de miga, queso, salamín, papas, cerveza. “No nos pueden seguir robando así”, dijo G y miró a A en busca de complicidad. Y A no habló pero hizo un gesto de que sí, claro, no pueden. Entonces la mesa también dijo sí, claro, que dejen de robar, ladrones, hasta que N, entre tanta sinrazón, intentó poner ciertas cosas en su lugar: “¿Y la comida que tiraron, la leche, mientras los pibes se mueren de hambre?” Y G arqueó las cejas, abrió los ojos lo más que pudo y se estiró hasta el gouda; sorbió un trago de cerveza y anunció: “Si no se ponen las pilas, volvemos a la ruta”. Después contó de sus vacaciones en Punta del Este.

jueves 10 de abril de 2008

"Son una pistola en la cabeza de la democracia"

“Hay que desmonopolizar al Grupo Clarín; hay que acabar con la dictadura de Clarín.” (D'Elia)

“No hay monopolios en la República Argentina” (Silvestre y Bonelli)

“No hay ciudad en el mundo con tantas radios y canales de cable” (Silvestre)

“La Argentina está en manos de ustedes” (D'Elia)

“Son una pistola en la cabeza a la democracia” (D'Elia)

“La gente compra Clarín porque es un buen diario” (Bonelli)

“Se necesita una nueva ley de radiodifusión” (D'Elia)

“No vamos a permitir que se diga que este grupo, esta empresa, le pone una pistola en la cabeza a la democracia” (Silvestre)

“Fuimos agredidos en nuestra propia casa” (Bonelli)

Luis D'Elia conocerá en las próximas horas el verdadero rigor del grupo: su paso por A Dos Voces será recordado durante largo tiempo. Sobre todo por Bonelli y Silvestre, cuyos papelones la historia sabrá juzgar. El video muestra la última parte de la discusión de anoche. Quizá el de ayer haya sido el peor día del multimedios desde la detención de Ernestina. Habrá que seguir de cerca la pelea entre Clarín y el Gobierno.

(Por suerte esta vez nadie se metió con el genial Menchi Sabat)

domingo 6 de abril de 2008

Los muchachos 2.0

Carolina Aguirre, más conocida como Bestiaria, se despachó en La Peleadora —su blog de Crítica Digital— contra cierta especie que se expande en la red durante estos tiempos. El texto hace justicia.

"No importa que tengan siete visitas o usuarios y que todos lo sepamos. Los mamarrachos 2.0 igual van a todos los eventos de blogs a garronear biromes de alguna promoción, mandan mensajitos a twitter, se sacan una cuenta en haiku, facebook, linkedin, google analytics, wordpress, flickr, delicious, menéame, google webmaster tools y en blogger y listo. Ya son “emprendedores 2.0″. Entrepeneurs. Empresarios".

¿En quién piensan cuando leen esto?

El post completo en La Peleadora

sábado 5 de abril de 2008

Adelanto

miércoles 2 de abril de 2008

Periodismo cloacal



Eso de periodismo cloacal se lo leí alguna vez a José Pablo Feinmann y me gustó. Esta nota es un ejemplo. Un periodista de Perfil.com se metió en una marcha para tomar fotos de particulares y escracharlos porque tomaban fernet, vino o se fumaban un porro. No tienen vergüenza. Les faltó escribir sobre el olor a chivo que había en la columna de Camioneros. O decir que a alguno le faltaba un diente. Pero entraron en una variante muy jodida: policíaca. La nota sobre la columna de Moyano es fascista, gorila, buchona. Los círculos rojos señalando el detalle dan muy nazi. Les faltó escribir que había negros, feos y sucios; les faltó hablar de aluvión zoológico. Y me dan unas ganas bárbaras de darle la razón a D’Elia cuando putea a diestra y siniestra. Sí, tiene razón: los tratan como ciudadanos de segunda. Y ni siquiera eso.

"A Perfil.com, presente en el cuerpo de la marcha, le llamó la atención el olor a marihuana que salía de las columnas de militantes y fotografió a un afiliado del sindicato de gaseosas fumando el último tramo de un cigarrillo de marihuana, conocido como 'tuquita' (sic). En varios tramos de la movilización se sentía el aroma inconfundible de la marihuana".

La nota está sin firma. Y pongo las manos en el fuego de que no la escribió ninguno de los que fueran mis compañeros. No son de esa calaña. El tipo que la hizo debería sentirse mal. Al margen del desconocimiento de la sintaxis, hay que ser muy jodido para proponer algo así; para ir a tu editor y decirle: “Tengo una linda nota: las hordas moyanistas fuman porro y chupan vino”. ¿O se la habrán pedido? ¿O habrá estado obligado a hacerlo? ¿Qué clase de objetivo periodístico se busca al mostrar que en una marcha se fuma porro? Cómo se nota que algunos de los que hacen esa página nunca salieron de la burbuja.

La discusión en estas épocas pasa por la idea de legalizar la marihuana para consumo personal. Pero Perfil atrasa años; señala con el dedito buchón. Da asco. Quizá esto se explique en el editor general de la página, Darío Gallo, un personaje acostumbrado a dar cátedra sobre cómo hacer periodismo sin rigor -esta pieza no tiene desperdicio ni fuentes.

"Así como las escenas pornográficas (sic) del campo, cuando los chacareros arrojaban leche o frutas en la ruta, estas postales de los asistentes a la Plaza de Cristina son aspectos del conflicto que hay que mostrar, aunque den vergüenza".

La prensa debe encargarse de contar la verdad. Sin límites; ningún rector debe decir qué se puede publicar y qué no. Hay que actuar en el marco de una libertad total. ¡Viva el anarquismo! ¡Abajo el Estado!

Editorial Perfil puede publicar lo que se le cante y hasta creo que es una injusticia que se la discrimine de la pauta oficial. Injusticia que llega a otros centenares de medios alternativos a los que se deberían incluir en el reparto. Fontevecchia es un mentiroso; un hipócrita que se inventó un personaje del que en realidad está muy lejos. Un tipo al que sólo le importa su libertad; un ególatra sin el mínimo prestigio que explota y discrimina a sus trabajadores. Con todo eso, cuando reclama por publicidad oficial tiene razón. Y que publique lo que se le antoje: así quedará expuesto cuando mienta, manipule o invente. El ejercicio de saber si creerle o no será nuestro. Y como en este caso, con una nota que destila gorilaje y fascismo, podremos repudiarlo.