viernes, 29 de agosto de 2008

Todos caen

Hoy empieza el Gran DT. Yo no me anoté. Ya son demasiadas cosas que uno no puede evitar de Clarín en la vida como para sumarle esta pelotudez. Sin embargo, ahí van todos, contentos, felices, comentando cosas tales como "lo puse a Bertolo porque es barato y hace goles". Lo que más me asombró fue ver a tipos inteligentes armando sus equipos. Cuando a uno le pregunté por qué lo hacía, me respondió: "Y, qué querés, si gano me llevo diez lucas". Suficiente. Cada día voy perdiendo un poco más las esperanzas.

lunes, 11 de agosto de 2008

Diálogos desde Pekín


Hay días en los que el chino Burgo casi no duerme.
-Nunca más de cuatro horas- dice.
Pero quemado y todo, se las ingenia para escribir bellas cronicas y clickear enviar en el momento justo, cosa que en Buenos Aires sus textos puedan llegar en tiempo y forma a la imprenta. El chino Burgo camina por Pekín con la libreta en la mano y va anotando cada detalle que observa. Los más atractivos, los mejores, suele guardarlos para sus notas, pero también regala en exclusiva para este blog algunas observaciones menores pero que son las que verdaderamente nos importan. Porque, como ya escribí acá, cuántos sabían qué era un waza ari hasta esta chica. Así que nadie venga a hacerse el interesado en estos días.
En Pekín, en este momento de la tarde argentina, duerme hasta Bonadeo.
-Ahora, acá, somos 15 boludos- dice el chino Burgo, sentado en una computadora del Centro Principal de Prensa escribiendo a un ritmo enloquecedor, rodeado, como corresponde, de chinos.
-No sabés lo grande que es este lugar, después se lo van a meter en el culo.
-Harán un campo de concentración si es necesario, los chinos no tienen drama.
Le digo a Burgo, un hombre que de repente te habla a las 11 de la noche y te dice que en un rato, a la tarde, manda algo. Y uno tiene que explicarle que la tarde, en un rato, será para él, que uno, acá, se va a dormir porque ya está, se terminó el día. Y el chino Burgo advierte que el jet lag aún lo afecta.
-Qué perdido estoy con los horarios.
Hace unos días el chino Burgo creyó ver a Roger Federer entre una bola de gente que se movía de un lado a otro en la villa olímpica. Pero pensó que era un espejismo, producto de su falta de sueño. Entonces, entrecerró los ojos claros, llevó su mano al mentón y comenzó a mover lentamente la cabeza de arriba hacia abajo, de abajo hacia arriba. Sí, era Federer, y la montonera de atletas ignotos se movía por donde él se movía.
-Lo vi, Ale, te juro que lo vi. Fue un amasijo, pero valió la pena.
Y damos fe de su pericia para detectar estrellas del deporte en los lugares más escondidos del planeta. Son virtudes: como las de cualquier buen observador que también sabe apreciar la belleza femenina.
-Atenti con Estefanía Fontanini.
Alerta Burgo ante un pedido de Buenos Aires, aunque inmediatamente se pone muy serio porque él es un hombre enamorado y su corazón no admite ningún tipo de discusión.
-Ahora yo me levanto y tengo un montón de chinitos esperando a ver qué voy hacer. Y vos tirás un papel y viene un chinito a recogerlo.
Dice Burgo, y se va. Y yo lo imagino, alto y pelado, rodeado de chinos.

miércoles, 6 de agosto de 2008

Exitismo, un deporte argentino


 Es curioso: si algo no ocurre en la televisión es como si no existiera. Eso sucede con ciertos deportes cada vez que llegan los Juegos Olímpicos. Porque, para ser sinceros, ¿a cuántos le interesaba hasta hoy lo que ocurría con el yudo o la marcha? Este mes será distinto: la misma televisión que durante cuatro años ignoró a la mayoría de las disciplinas que competirá en Pekín, las recibirá con los brazos abiertos. El exitismo también es un deporte olímpico argentino. En estos 17 días no sólo habrá que resistir los horarios chinos. También soportaremos que conductores hoscos y especialistas en generalidades se dispongan a opinar sobre remo, yachting y natación como sabios conocedores. Eso ocurre con la televisión, porque la caja no es tan boba y masifica casi todo lo que toca. Si durante el lock out agrario nuestra vecina del octavo aprendió la vida de la soja, con los Juegos en tevé deportes hasta ayer marginados se instalarán en la fila del supermercado, el taxi, la peluquería.
El señor y la señora tendrán tema de conversación.
–¿Usted vio cómo corren esos negros?
–¡Y cómo saltan!, ¡es increíble!
–Me quedé hasta las cuatro de la mañana prendido a la tele.
En realidad, a nadie le preocupa demasiado quién es Usain Bolt o Asafa Powell, pero ahí estarán, en la televisión, que es lo que importa. No faltará el medallista que, a su regreso, se siente a la mesa con Mirtha o fatigue programas matinales. Pero el momento supremo estará en el living de Susana: un verdadero atleta completa su triunfo en los sillones blancos de la diva.
Pero no todo será improvisación: Bonadeo volverá a descollar desde la pantalla, pasando de una disciplina a otra como quien salta un charco. A esta altura uno piensa que ver los Juegos Olímpicos por tevé, aun de madrugada, sólo es posible con sus relatos. Alguna vez deberá llevarse, al menos, un bronce. Y después, como ya sabemos, irá a lo de Susana.

(Publicado en Crítica de la Argentina)

martes, 5 de agosto de 2008

Libertades

I. Los jugadores de fútbol son esclavos millonarios. Vean lo que ocurre: sus patrones, los clubes, tienen derechos sobre ellos. Se los denomina derechos federativos. Es decir, un tipo no puede cambiar de trabajo si el club no quiere. Salvo que tenga el pase en su poder -cosa que ocurrirá una vez que termine su contrato- el club tiene derechos sobre él porque para eso pagó y ahora quiere que le paguen. Habría que derribar ese engendro de los derechos federativos: libertad de movilidad para cualquier futbolista. ¿Se imaginan a un diario negociando el pase de un periodista? ¿Cuesta tanto ver esta cuestión con la misma naturalidad?

II. Al final, Diego volvió a tener a razón en algo. Lionel Messi tiene 21 años. Sin embargo, debió esperar que la FIFA abra la boca para tomarse un avión y hacer -se supone- lo que él deseaba: viajar a Pekín para jugar con la Selección argentina. En el medio, el argumento era: "Dejémoslo al margen de esta pelea, es un chico". Debe ser triste no poder decidir tu destino a esa edad. Messi no es un pobre pibe: es un hombre que firma contratos millonarios, viaja por el mundo y tiene sus bolsillos asegurados. Está bastante grandecito como para dejarse acompañar por un vigilante del club. El dinero, está visto, no te hace libre.

III. Algún día los futbolistas deberán romper cadenas. Aunque ese día, ya sabemos, queda bastante lejos. Hace 28 años el jugador belga Jean-Marc Bosman lo intentó. Su club, el R.F.C. Liège, le ofrecía renovar su contrato por menos plata. Como no aceptó, negoció su traspasó a US Dunquerque de Francia. Pero para que eso, el equipo belga quería una indemnización. En soledad, Bosman denunció las trabas que sufría cualquier futbolista para cambiar de trabajo. La sentencia de la Justicia fue histórica: desde 1995 se la conoce como la Ley Bosman, que no sólo permite que cualquier jugador pueda irse a otro club una vez que finalice su contrato sin previo pago, sino que también eliminó los cupos para comunitarios. Desde ese momento, los jugadores de los países de la Unión Europea, como cualquier trabajador, pueden tener libertad de movimiento dentro de la comunidad.

IV. Diego Maradona debería pensarlo: es hora de retomar su idea de sindicato.

V. Cuando el periodista habla de las borracheras de Moreno, Houseman o Corbatta se mea de la risa. La diferencia quizá es que ellos no tenían una cámara de televisión esperándolos a la salida de un boliche. Y no hubo, esta semana, un hecho más miserable que esa vigilanteada. Aunque en estos últimos días llegué a escuchar barbaridades como que "por encima de Ortega está la institución". Y la verdad es que no sé cuál es la situación de Ortega, si efectivamente es un alcohólico o si sólo tiene ganas de divertirse. Pero habría que tener algo más de cuidado cuando se habla. Así son los jueces de la vida de los demás: piden límites para Ortega, disciplinarlo, o que se vaya a Emiratos Árabes. Y en eso también se juega la libertad de una persona: ¿desde dónde un tipo con cámara y micrófono puede joder con el laburo del otro? ¿Se imaginan que nuestros jefes puedan seguirnos a todos lados y sepan qué hacemos a las seis de la mañana? Igual, conmigo sería aburrido: a esa hora estoy durmiendo.