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miércoles, 13 de febrero de 2008

La hinchada de Fontanarrosa

Ezequiel Fernández Moores cuenta que iban en auto, junto a Horacio Pagani y Roberto Fontanarrosa. Francia le había ganado la final a Brasil en el Mundial de 1998 y las calles de París estaban colmadas de fanáticos. No era fácil tomar un camino despejado, y eso se complicaba si encima el que manejaba -Pagani- le pifiaba en cada salida de la autopista una y otra vez. El que copiloto, el tipo que iba con el mapita en mano intentando descifrar hacia dónde ir, era Fontanarrosa. Ezequiel, en el asiento de atrás, miraba la escena. Pagani maldecía la situación, las horas pasaban en París y el auto que conducían iba hacia cualquier lado, menos al hotel. En eso, Fontanarrosa larga:

- Me parece que pasamos la frontera, acabo de escuchar hablar alemán.

La anécdota la leí en estos días en el libro La hinchada te saluda jubilosa, en el que periodistas, escritores y ex jugadores de Rosario Central recuerdan a Fontanarrosa. Hay relatos deliciosos e imperdibles. El homenaje es merecido para un tipo que nos cautivó a todos con su humor y simpleza. Jorge Valdano, en el prólogo, lo resume así:

"Su muerte nos conmocionó tanto que hemos decidido que no murió. La ternura, el humor, la inteligencia, el talento... todo les vale a los múltiples autores de este libro para prolongar el diálogo con nuestro querido e inolvidable Negro".

miércoles, 22 de agosto de 2007

La puta, la gran puta...

... la grandísima puta, la santurrona, la simoníaca, la inquisidora, la torturadora, la falsificadora, la asesina, la fea, la loca, la mala; la del Santo Oficio y el Índice de Libros Prohibidos; la de las Cruzadas y la noche de San Bartolomé; la que saqueó a Constantinopla y bañó de sangre a Jerusalén; la que exterminó a los albigenses y a los veinte mil habitantes de Beziers; la que arrasó con las culturas indígenas de América; la que quemó a Segarelli en Parma, a Juan Hus en Constanza y a Giordano Bruno en Roma; la detractora de la ciencia, la enemiga de la verdad, la adulteradora de la Historia; la perseguidora de judíos, la encendedora de hogueras, la quemadora de herejes y brujas; la estafadora de viudas, la cazadora de herencias, la vendedora de indulgencias; la que inventó a Cristoloco el rabioso y a Pedropiedra el estulto; la que promete el reino soso de los cielos y amenaza con el fuego eterno del infierno; la que amordaza la palabra y aherroja la libertad del alma; la que reprime a las demás religiones donde manda y exige libertad de culto donde no manda; la que nunca ha querido a los animales ni les ha tenido compasión; la oscurantista, la impostora, la embaucadora, la difamadora, la calumniadora, la reprimida, la represora, la mirona, la fisgona, la contumaz, la relapsa, la corrupta, la hipócrita, la parásita, la zángana; la antisemita, la esclavista, la homofóbica, la misógina; la carnívora, la carnicera, la limosnera, la ratufa, la mentirosa, la insidiosa, la traidora, la despojadora, la ladrona, la manipuladora, la depredadora, la opresora; la pérfida, la falaz, la rapaz, la felona; la aberrante, la inconsecuente, la incoherente, la absurda; la cretina, la estulta, la imbécil, la estúpida; la travestida, la mamarracha, la maricona; la autocrítica, la despótica, la tiránica; la católica, la apostólica, la romana; la jesuítica, la dominica, la del Opus Dei; la concubina de Constantino, de Justiniano, de Carlomagno; la solapadora de Mussolini y de Hitler; la ramera de las rameras, la meretriz de las meretrices, la puta de Babilonia, la impune bimilenaria tiene cuentas pendientes conmigo desde mi infancia y aquí se las voy a cobrar.

Fernando Vallejo, La Puta de Babilonia

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