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lunes, 9 de junio de 2008

La muerte del canalla

"El crápula se ha muerto/se acabó el alma negra/el ladrón/el cochino/se acabó para siempre/hurra/que vengan todos/vamos a festejarlo/a no decir/la muerte/siempre lo borra todo/todo lo purifica/cualquier día/la muerte/no borra nada/quedan/siempre las cicatrices"
"A la muerte de un canalla", Marío Benedetti
La muerte no hace mejores a las personas. Se murió Bernardo Neustadt. Y se murió como lo que era: un hijo de puta. Nada va a arreglarlo. Pero me pasa desde hace mucho que no puedo celebrar la muerte; me pasa que veo a la muerte como una señora traicionera que anda por nuestras vidas llevándonos con ella a ninguna parte y por distintas causas. La muerte nunca es una buena aliada. No es que visitó a Bernardo porque tuvo ansias de alguna justicia: la muerte no conoce de esas cuestiones. Esta señora, la muerte, tal vez vestida de negro -quién sabe, quién cree- después de ir por Bernardo pasó por otra casa, otro barrio, otro pueblo, y se llevó a un pibe que curtía paco, a un hombre que no tuvo para remedios o a un bebé al que no pudieron darle de comer. Fue ella, estoy seguro, ella sola, por sus propios medios. O tal vez yo esté equivocado y haya muchas muertes, todas con caras distintas: buenas, malas, justicieras, bondadosas, crueles, silenciosas. Acaso la que le tocó a Bernardo sea una muerte justiciera, una muerte que desea poner las cosas en su lugar. Aún así, yo no le confío a la muerte mis alegrías. La muerte es una frontera, es la peor de todas. Sé que a veces puede ser necesaria -las muertes necesarias- pero prefiero no tenerla como aliada, ni tomarla de la mano cuando ella, de repente, nos hace un guiño; prefiero no deberle nada por si acaso ella decida cobrarlo alguna buena vez. Aún así nada me quita a mí la conciencia de saber quién fue Bernardo Neustadt, qué significó y cómo actuó en cada lugar y momento en el que estuvo. Como para recordarlo cada vez que intenten lavarle la cara. Pero que la muerte vaya por su camino, que yo con ella no quiero nada. Aunque ese poema de Benedetti le calce tan al cuerpo a su obituario, aunque el mundo vaya a ser un poco mejor sin él; aunque nos tiente, aunque den ganas, yo con ella no me abrazo.

martes, 6 de mayo de 2008

¿Y esto?

¿Se acuerdan de Claudio Díaz? Ayer, la madre del periodista recibió la visita de tres hombres y una mujer en su casa de Haedo. No fue, por supuesto, nada protocolar: la golpearon y la amenazaron de muerte. Esta gente manejó datos muy precisos sobre Claudio. Llegaron cerca de las 15.30, preguntaron por él y explicaron que tenían un regalo del gobernador de Formosa, Gildo Insfrán, a quien el periodista conoce por haber presentado un libro en esa provincia. Cuando la madre les abrió la puerta, la increparon por “los dólares de Claudio”, amenazándola de muerte. Después se fueron con unos 300 pesos, sin tocar ni la computadora ni ningún aparato eléctrico de valor. “Veo una mano negra detrás de todo esto”, dijo Claudio, que el mes pasado renunció a Clarín con una carta abierta a sus compañeros. Aunque no señaló de manera específica a la empresa periodística, explicó: "Creo que se trata de algún sector que busca enrarecer el clima político".

miércoles, 2 de abril de 2008

Periodismo cloacal



Eso de periodismo cloacal se lo leí alguna vez a José Pablo Feinmann y me gustó. Esta nota es un ejemplo. Un periodista de Perfil.com se metió en una marcha para tomar fotos de particulares y escracharlos porque tomaban fernet, vino o se fumaban un porro. No tienen vergüenza. Les faltó escribir sobre el olor a chivo que había en la columna de Camioneros. O decir que a alguno le faltaba un diente. Pero entraron en una variante muy jodida: policíaca. La nota sobre la columna de Moyano es fascista, gorila, buchona. Los círculos rojos señalando el detalle dan muy nazi. Les faltó escribir que había negros, feos y sucios; les faltó hablar de aluvión zoológico. Y me dan unas ganas bárbaras de darle la razón a D’Elia cuando putea a diestra y siniestra. Sí, tiene razón: los tratan como ciudadanos de segunda. Y ni siquiera eso.

"A Perfil.com, presente en el cuerpo de la marcha, le llamó la atención el olor a marihuana que salía de las columnas de militantes y fotografió a un afiliado del sindicato de gaseosas fumando el último tramo de un cigarrillo de marihuana, conocido como 'tuquita' (sic). En varios tramos de la movilización se sentía el aroma inconfundible de la marihuana".

La nota está sin firma. Y pongo las manos en el fuego de que no la escribió ninguno de los que fueran mis compañeros. No son de esa calaña. El tipo que la hizo debería sentirse mal. Al margen del desconocimiento de la sintaxis, hay que ser muy jodido para proponer algo así; para ir a tu editor y decirle: “Tengo una linda nota: las hordas moyanistas fuman porro y chupan vino”. ¿O se la habrán pedido? ¿O habrá estado obligado a hacerlo? ¿Qué clase de objetivo periodístico se busca al mostrar que en una marcha se fuma porro? Cómo se nota que algunos de los que hacen esa página nunca salieron de la burbuja.

La discusión en estas épocas pasa por la idea de legalizar la marihuana para consumo personal. Pero Perfil atrasa años; señala con el dedito buchón. Da asco. Quizá esto se explique en el editor general de la página, Darío Gallo, un personaje acostumbrado a dar cátedra sobre cómo hacer periodismo sin rigor -esta pieza no tiene desperdicio ni fuentes.

"Así como las escenas pornográficas (sic) del campo, cuando los chacareros arrojaban leche o frutas en la ruta, estas postales de los asistentes a la Plaza de Cristina son aspectos del conflicto que hay que mostrar, aunque den vergüenza".

La prensa debe encargarse de contar la verdad. Sin límites; ningún rector debe decir qué se puede publicar y qué no. Hay que actuar en el marco de una libertad total. ¡Viva el anarquismo! ¡Abajo el Estado!

Editorial Perfil puede publicar lo que se le cante y hasta creo que es una injusticia que se la discrimine de la pauta oficial. Injusticia que llega a otros centenares de medios alternativos a los que se deberían incluir en el reparto. Fontevecchia es un mentiroso; un hipócrita que se inventó un personaje del que en realidad está muy lejos. Un tipo al que sólo le importa su libertad; un ególatra sin el mínimo prestigio que explota y discrimina a sus trabajadores. Con todo eso, cuando reclama por publicidad oficial tiene razón. Y que publique lo que se le antoje: así quedará expuesto cuando mienta, manipule o invente. El ejercicio de saber si creerle o no será nuestro. Y como en este caso, con una nota que destila gorilaje y fascismo, podremos repudiarlo.

lunes, 26 de noviembre de 2007

Durísimo

Pablo Llonto, además de periodista, es el abogado de la familia de Diego Muñíz Barreto, el ex diputado del PJ asesinado durante la dictadura. Por ese caso, entre otros, es que marchó preso Luis Abelardo Patti. Los que conocemos y queremos a Pablo sentimos un enorme orgullo por que sea él uno de los abogados responsables de que el torturador de Escobar esté en la cárcel.

Llonto es un hombre íntegro. Para los que no lo saben, no cobra un mango para estos casos. Labura a pulmón en las causas por violaciones a los derechos humanos, aún cuando no le sobra ni una moneda para tomarse el bondi. Pero él no busca ni plata, ni gloria, sólo la satisfacción de la justicia. Eso es lo que lo hace enorme.

Para hablar del tema, Magdalena Ruiz Guiñazú sacó a Llonto por Radio Continental. Parece que la conductora no leyó el libro La Noble Ernestina ni este artículo escrito por Pablo en el periódico de la Asociación Madres de Plaza de Mayo.

Sólo por esto, el cruce, publicado hoy por Ambito Financiero, no podía terminar de otro modo.

Pablo Llonto:
...Patti me parece uno de los últimos símbolos de la impunidad en la Argentina que todavía estaba sin detener, creo que él y la señora Ernestina de Noble, la dueña del grupo «Clarín» que tiene dos hijos que se sospecha que son...

Periodista: ...Pero no tiene nada que ver una cosa con la otra...

P.Ll.: Sí que tienen que ver, Magdalena, porque los casos símbolos de la impunidad en la Argentina son los que ha protegido el poder. A Patti lo protegió el poder y a la señora de Noble la protege el poder también e importantes sectores de la prensa que no tienen la valentía y el coraje de denunciar a esta señora que tiene dos hijos; yo también llevo la causa de ella y estamos investigando quiénes son Marcela Noble y Felipe Noble.

P.: ¿Por qué no se da a conocer justamente quiénes son si usted tiene las pruebas?

P.Ll.: Precisamente porque la Justicia y gran parte del periodismo se niega.

P.: No, mire, si ha habido gente que se ha jugado y si ha habido gente que ha levantado su voz cuando todo el mundo se quedaba callado, han sido miembros del periodismo.

P.Ll.: Muy poca gente.

P.: Bueno, muy poca pero valiosa y fíjese que también si vamos a eso, hay muy poca gente que se anima y que se animó en su momento a dar testimonio. Pero no involucremos así a la ligera a todo un gremio como es el nuestro, yo personalmente no se lo admito...

P.Ll.: Magdalena, yo soy parte también del gremio.

P.: No, no sabía, no sabía doctor que usted era periodista. ¿En qué medio está trabajando?

P.Ll.: Escribo para «Caras y Caretas», escribo para la revista «Selecciones» y he trabajado muchísimos años en el diario «Clarín», y conocemos todos desde adentro quiénes fueron los periodistas que tuvieron valentía, que fueron pocos y quiénes fueron la mayoría de los cobardes que en la época de la dictadura no fueron capaces de contar lo que estaba pasando. Todos lo sabemos, pero yo no hablo de los periodistas.

P.: ¿Sabe una cosa? Me parece que hay que tener un mínimo de respeto por el miedo ajeno, yo personalmente tengo un gran respeto por el miedo ajeno y por el propio, así que sabe qué, si tiene denuncias para hacer, doctor Llonto, hágalas en la Justicia, donde corresponde, pero no se dedique a ensuciar un gremio al que usted dice pertenecer; la verdad es que yo a usted no lo conozco.

P.Ll.: Magdalena, lo que usted no puede hacer es mentir y no decir que hubo periodistas que en la época de la dictadura no fueron capaces de investigar lo que pasaba en la ESMA.

P.: Yo lo llamé, doctor Llonto, para hablar del caso Muñiz Barreto y para hablar justamente de los secuestros que se le imputan a Patti y usted me sale con una imputación al periodismo en general. Además dé nombres si se anima, vamos, me revienta eso de salir a acusar sintiéndose el dueño de la verdad. También me acuerdo de una presunta guerrillera a la que hicieron aparecer en una revista como si estuviera arrepentida, todas esas cosas infames las recuerdo, pero yo como creo en la Justicia no me siento juez de nadie ¿se da cuenta?

P.Ll.: Pero Magdalena, estamos iniciando una causa por el caso de Telma Jara de Cabezas, ¿usted recuerda ese caso?

P.: ¿Sabe qué? Como integrante de la Comisión Nacional por la Desaparición de Personas no voy a empezar a citarle nombres. También a Norma Arrostito la daban por muerta en un enfrentamiento y la habían matado en la ESMA. Son cosas muy conocidas, doctor, me llama la atención que recién usted las descubre.

P.Ll.: Magdalena, al revés, soy el abogado de la familia Arrostito, acá cometiste un error.

P.: No, no me tutee porque yo a usted no lo conozco.

P.Ll.: Soy el abogado de la familia Arrostito desde hace casi tres décadas.

P.: Llonto, ¿tiene algo más que agregar sobre el caso Patti?

P.Ll.: No, no entiendo por qué se enoja por hechos que son reales.

P.: No me gusta la gente que se siente juez y que puede juzgar a todo el mundo como si fuera el dueño de la verdad. Doctor Llonto, ¿ tiene algo más que agregar?

P.Ll.: No, no Magdalena gracias.

P.: Adiós.

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Premio consuelo

A no confudirse. Esto de arriba es el de diploma que le dan a todos los candidatos. El premio consuelo, en realidad, fue la pizza de Guerrín que disfrutamos entre amigos después de la noble derrota ante Javier Sinay, de Clarín.com y Ciudad Internet. El multimedios fue el gran ganador de la noche con cinco estatuillas si contamos además a dos periodistas del diario, uno de TyC Sports y la producción de Argentinos por su nombre, que conduce Andrés Kusnetzoff por Canal 13.

Pero no esta una crónica acerca de quiénes se llevaron los Premos Estímulo 2007. Tampoco aquí haré denuncias de fraude ni acusaremos a los votantes de no entender nada. Es decir, no esperen una salida a la Carrió. No diré que gané en los centros urbanos y perdí en la periferia. Porque es mentira y porque además no manejo esos datos. Los ganadores, buenos ganadores son. Y punto.

El problema acá es otro. Lo que preocupa es la falta de incorrección que los periodistas jóvenes tienen a la hora de pronunciarse. Salvo Diego Skliar -FM La Tribu- que pidió en forma muy atinada y precisa por una nueva Ley de Radiofusión, y una chica de La Liga y Caras y Caretas TV que, muy tímidamente, pidió por "una justa distribución de la riqueza", el resto no fue capaz de sacar los pies del plato. Alguna que dijo que se casaba, otros que agradecieron el equipo de trabajo, todos saludaron a la familia; alguno que intentó tirar una frase pero no se llegó a entender del todo -está bien, son los nervios. Hay casos peores. Hubo uno que tardó varios minutos para decir "bueno, na... gracias... na, estoy es muy importante... na, ". Y así. Tampoco faltó aquel y aquella que se quedó sin palabras.

Periodistas sin palabras.

¿No había nada para decir? ¿No hay rebeldía en los periodistas de nuestra generación? ¿No había nada por reclamar, por repudiar o reivindicar? ¿Se habrá enterado alguno de estos periodistas jóvenes que uno de los suyos había sido golpeado meses atrás por unos matones de la UTPBA? ¿Es posible que ni siquiera se hayan acordado de Julio López? ¿No hay críticas a los grandes medios? ¿No hay luchas gremiales? ¿No hay despidos en La Voz del Interior? ¿No son los jóvenes periodistas los que deberían mostrar algo de irrespetuosidad al sistema? Si nos guiamos por lo de anoche, acá no pasa nada.

Al lado de la ceremonia de ayer, las entregas de los Martín Fierro son mitines políticos de grupos combativos. Sólo con la presencia de Eduardo Aliverti o Jorge Lanata. ¡Hasta con la de Santo Biasatti! Alguno algo dirá. Podrá ser interesante, polémico o no, pero algo dirán. Alguno llevará una consigna. ¿Se acuerdan del "somos todos docentes", del "todos somos Aerolíneas" o del "no se olviden de Cabezas"? ¿Y del "somos actores, queremos actuar"?

¿Nadie tenían una reflexión, por caso, sobre Botnia? ¿Y sobre la desnutrición en el país? ¿Y sobre el Gobierno? ¿Y sobre la situación en las cárceles? Insisto, ¿se habrán enterado lo que le ocurrió a Tomás Eliaschev hace unos meses?

Y esto no es una crítica a la escuela que organizó los premios. Tampoco es una valoración profesional de quienes ganaron ayer. Mucho menos personal. Es sólo una reflexión acerca de la realidad del periodismo joven. ¿Cuáles son sus inquietudes? Parece una generación acrítica, despolitazada. ¿Por qué no hay ganas de decir nada, de bajar una línea, de usar -por una vez, al menos- el micrófono para expandir alguna palabra que pueda generar conciencia?

Tal vez le estoy pifiando feo. Tal vez esté muy equivocado. Es sólo una impresión, una punta para un debate. Hace poco Pablo Llonto escribió una Carta abierta a ocho compañeros donde les pedía que no concurrieran a recibir el Premio Konex. Les recordaba cuando Marlon Brando mandó a una indígena a recibir el Oscar en 1973.

Desde acá no pido tanto.

¿O acaso es mucho reclamarle a un periodista que articule cuatro palabras y envíe un mensaje? ¿O acaso es demasiado pedirle a mis compañeros de generación que sean un poco más rebeldes?

En la presentación de la antología En celo, Esteban Schmidt decía acerca de algunos jóvenes escritores:

"La rebeldía, esa marca de la juventud, tendrá que esperar tal vez a otra generación. Gente que se enoje más y que se someta menos. Y que sonría menos. Que le parezca todo un poquito más choto. O sea, más como es todo".

Qué bien que viene esto para algunos nuevos periodistas.

martes, 6 de noviembre de 2007

Antikirchnerismo bobo

Yo creo que un presidente o presidenta debe ofrecer conferencias de prensa y dar entrevistas a todos los periodistas.

Pero si van a ir con algunas de estas preguntas a hacerle una nota a Cristina mejor que se queden jugando con el Twitter.

Salgan al sol muchachos, que estar tanto tiempo adelante de la computadora no hace bien.

viernes, 7 de septiembre de 2007

Hay que salir al sol

Clark largó la polémica en su blog acerca de lo impreciso que resulta decir que la generación de periodistas del 60/70 es mejor que la actual. No tengo claro esa distinción porque en los 70 hacían Noticias y El Mundo pero también hacían Cabildo, así que entonces hay que encuadrar la cuestión en los jóvenes militantes. Y ahora también hay militantes periodistas, el tema es que son menos y la situación política demasiado distinta. Pero es largo de discutir. La cosa es que en los comentarios todo venía bien hasta que apareció uno y dijo:

“La vida es de escritorio. Gran parte de las cosas que antes pasaban por la calle ahora pasan por la televisón y por Internet. ¿Dónde va a poner el ojo el periodista sino allí? Si se puede encontrar algo en Google, ¿qué pretenden, que los periodistas vayan a hacer cola a una hemeroteca?"

Ahí está el problema. Un tipo, que probablemente es periodista, cree que la vida es de escritorio entonces se pregunta para qué va a ir a una hemeroteca. Está tan fuera del eje, además, que ni cae en la cuenta de que en una hemeroteca no va a encontrar una noticia sino diarios viejos. "¡Salgan al sol idiotas!", les gritó Samurai, pero creo que a esta altura, si salen al sol, va a ser para tuitiar.

Los periodistas dejaron la calle. Y la culpa no es más que de los medios y de algunos que así la ven más fácil. Hacen un par de llamadas, buscan datos en el Google y lo cuentan en el tuiter con 140 caracteres, que para qué más. Internet no es la responsable porque está bien usar todas las herramientas, pero no se puede dejar de lado el contacto con las personas de carne y hueso. La vida, amigos, está afuera de Second Life. Por suerte no es una cuestión de una generación sino de un grupo de tipos que creen ser los vivos del barrio. Hay muchos que todavía van a contar la realidad al lugar donde sucede. Y otros hacen lo que pueden.

(Igual, esto de que son los más vivos del barrio es bastante sospechoso porque desde que tengo tuiter no veo a nadie que escriba cosas como "desnudando a mi novia", "cogiendo en el sofá " o "haciéndome la paja con el video de Chachi Telesco". Así que muy bien no la pasan)

miércoles, 29 de agosto de 2007

El reino del revés

La impunidad da para todo. Incluso para que pueda terminar preso el periodista Carlos del Frade, quien se dedicó a ventilar los oscuros negocios del presidente de Newell's, Eduardo López.

El único delito del periodista fue informar quién era López. El dirigente, mostrando que no sólo tiene pasión por los dineros públicos sino también por la libertad de expresión, lo denunció por el clásico "calumnias e injurias" y reclama prisión para Del Frade.

La historia está bien contada
acá. Y para quienes no conocen el trabajo de Del Frade, pueden leer sus notas en Postales del Sur.

A hacerse eco de esto porque Carlos va a necesitar de toda la solidaridad para enfrentar a este personaje y a quienes lo rodean.

Hipercrítica a Hipercrítico (I)

Cuando Luis Majul comenzó a cerrar su programa con el no creas todo lo que te dicen los medios, la frase me sonaba superflua. Le faltaba dar alguna puntada más para que se convirtiera en un concepto serio. Quiero decir: que Majul dijera no le creas a los medios, ni siquiera a este no significaba nada salvo que él nos explicara por qué. Y esto a pesar de que muchos no le creíamos a los medios desde antes de Majul. Entonces vino Hipercrítico y yo no apostaba dos mangos porque pienso que siempre hay límites, algo que creo habérselo dicho a Pablo Llonto cuando me lo comentó. Mucho más cuando las críticas van hacia periodistas, hacia colegas. Y aunque creo que en Hipercrítico hay límites, igual se convierte en una propuesta interesante. Majul suele ser (híper) criticado, pero ¿cuántos se animarían a montar un sitio -¿o un blog?- con las características de Hipercrítico? ¿Cuántos jugarían sus fichas a la posibilidad de ganarse enemigos en los medios?

El periodismo de periodistas es necesario. Es decir, criticar a la prensa resulta muy importante porque se trata de una actividad que cuando es objeto de la observación del otro -del par- se incomoda, pero también porque en general es vista como inmaculada. Desde hace mucho tiempo los medios son parte de los resortes del poder. Incluso hay procesos de información que no se entienden si no se explica qué ocurre en los medios. Es decir, no alcanza con saber si apareció una bolsa en el despacho de la ministra de Economía sino también hay que conocer quién tuvo la primicia, cómo la consiguió, y por qué los otros medios no se hacen eco en forma inmediata. Esto no significa que sea lo correcto pero nos hemos acostumbrado bastante. Si Clarín nos da a Romina Picolotti en tapa nos preguntamos por qué, qué intereses se juegan o si es una operación. Los medios (y los periodistas) son actores políticos sin ninguna inocencia. Pero no resulta nada sencillo criticar a colegas, a quienes después uno puede cruzarse en una redacción, una radio o un estudio de televisión. Y mucho menos resulta sencillo criticar a quienes pueden ser tus patrones. Con esta limitación parte Hipercrítico. Cualquiera de los que vivimos del periodismo conocemos las miserias que se ven por dentro pero nos cuesta mucho revelarlas por temor, entre otras cosas, a perder nuestro laburo. Controlar nuestra autocensura es una de las tareas que nos toca a la hora de mirar a la prensa.

Pero ahora es momento de la crítica. La Hipercrítica a Hipercrítico. Después de cuatro meses, algunas pistas tenemos. En primer lugar hay que insistir con que es agradable que la prensa se mire el ombligo. Años de mentiras no sólo merecen la crítica, sino también la autocrítica. Al fin y al cabo, nosotros estamos en los medios. En ese sentido, Hipercrítico se convirtió en una referencia y esto, desde luego, es saludable. Sin embargo, faltan nombres. Nombres propios. Que nos hablen de tal o de cual. Que le den con un caño a fulano y mengano. Y a zutano lo elogien. Las cosas en su lugar. Es la única forma de que, además de criticar, generemos conciencia crítica en lectores, televidentes u oyentes (me niego a decir consumidores). El quién es quién en los medios puede ser un cuadro sinóptico pero también un sitio donde se cuente cómo actúan los periodistas. Que Osvaldo Bazan nos hable de Jorge Rial; que Gustavo Noriega se encargue de Catalina Dlughi; que Majul atienda a Eduardo Van der Kooy; que Llonto no tenga piedad con Fernando Niembro, y Juan Terranova sea implacable con Osvaldo Quiroga. Es cierto, sí, dirán que los hubo. Pero faltaron más. Queremos más. Algunas notas esbozaron lo que sería la hipercrítica. Quizá esta o esta o esta. Creo que no más, aunque existan otras muy buenas. Es decir, estamos esperando la critica severa a los medios y a los periodistas. ¿Ustedes se imaginan si hiciéramos periodismo sin dar nombres? Que no nombremos a tal ministro o a tal juez. Que dijeramos: "La Justicia hace esto" o "Los ministros no hacen nada". Pero ¿quién, cuál, qué cargo ocupa, por qué sigue ahí?

Luis Majul tiene el mérito de poner la cara en este sitio o blog colectivo. Insisto: no cualquiera arriesga a ganarse enemigos. Hacer periodismo sobre los medios implica también mirar la paja de la empresa en la que uno labura. A Majul le tocó con América TV y salió airoso. Llonto también se encargó de tipos de La Red –donde se emite el programa de radio de Majul- y eso siempre puede implicar que “los amigos” pidan bajar los decibeles. Porque lo podrá escribir Bazan, Noriega o Terranova, pero es "la página de Majul". No muchos periodistas se animarían a armar un sitio de estas características. Vaya a saber por qué Majul sí. Es aquí donde toma cuerpo la frase de no le creas nada los medios. Aquí tiene sentido. Sólo falta que Majul se suelte. Y que esto no suene a consejo sino a una simple mirada.

Había arrancado con los panoramas de los domingos -algo que Ámbito Financiero hace todos los lunes- y estuvo bien. Pero se necesita un Majul que desmenuce a Morales Solá, a Van der Kooy, a Wainfeld; un Majul que explique cómo Morales Solá adhiere al código de Fopea -al que también suscribe la mayoría de Hipercrítico- y después escribe notas donde no se sabe si hay off de record o qué. ¿Por qué Majul llega a la conclusión de que
contra su voluntad, Joaquín Morales Solá, uno de los colegas más respetados, se termina convirtiendo en un propalador de la realidad que el gobierno quiere difundir? ¿Por qué un hipercrítico cree en la voluntad de Morales Solá? ¿En serio Majul, que nos dice que no le creamos nada a los medios, sostiene que Morales Solá no tiene voluntad de propalar la voz del Gobierno? Que se pelee con Diego Gvirtz está bien pero parece casi una disputa personal o la respuesta a cierta inquina por parte de TVR. Él mismo lo dijo en su presentación: “Los lectores buscan cada vez más saber qué hay detrás de los medios y los periodistas, porque intuyen la compleja trama de intereses cruzados que los atraviesan”. Queremos eso: saber qué hay detrás de los periodistas. Y reconocemos que hubo bueno intentos pero falta más profundidad.

Con Llonto hubo nombres. Y acá, la siguiente aclaración: conozco a Llonto, es mi amigo y compañero, pero si pienso sus notas desde un terreno yermo me confunde. Por ejemplo, el hipercrítico en Deportes nos intruduce dogmas como el anarco-marxismo que se transforma inentendible. Es valido que nos cuente desde qué lugar se ubica. Y honesto. Pero si tira algo así, que explique al lector en qué se basa el anarco-marxismo del que habla. Otra cuestión: si no adhiere ni al Código de Ética de Fopea ni a la Declaración de Chapultepec, ¿no sería interesante que cuente por qué? Con sus columnas, Pablo se convierte en un hueso interesante y distinto a la hora de leer. Pero, ¿por qué pierde el tiempo en el profesor Córdoba cuando todavía no se ocupó de meterle la cuchara a fondo a Olé, al que sólo referenció para elogiar a Gustavo Grabia? ¿Por qué lo de Juan José Lujambio? ¿Qué necesidad? Si tan tibio era Lujambio, ¿para qué una columna?

"¿Cuántos paquidermos deben pasar frente a las narices de nuestro periodismo deportivo para que se despierte?", se pregunta Llonto en De Elizondo a Muñoz, sin escalas. En la misma nota, dice que"menos mal que desde algún lejano rincón de Página/12 se oyen, como un zumbido, las denuncias sabatinas de Gustavo Veiga, quizás de los últimos periodistas que levantan losas en el deporte argentino para descubrir negociados, arreglos, vinculaciones, sospechas, violencia". Si esto se suma a que en Olé le gusta leer a Grabia, entonces no se entiende bien qué quiere Llonto de los medios. Porque no podrá pretender que todos se encarguen de los mismos temas. Así como Grabia se encarga de los barras, otro se encargará del torneo de Polo. Parece, al menos, que Llonto lee sólo algunos medios y, en general, prefiere a los grandes. Sin desmerecer el enorme trabajo de Veiga y Grabia, Llonto olvida a muchos periodistas, quizá anónimos algunos, que en sus redacciones intentan en todo momento superar la censura. En la mayoría de las ocasiones no lo logran y algunos terminan publicando artículos en medios alternativos. Llonto lo sabe, sólo falta que lo escriba.

Y a esta altura pienso, porque es de noche y pienso, que cualquiera escriba lo que se le cante y listo, por qué yo vengo a decirles esto no y esto sí. Pero me atrevo a hacerlo basado en la necesidad de lo hipercrítico.

Dos logros en Llonto: defendió la publicación de las fotos de Nora Dalmasso y eso es una incorreción pero también un acto de libertad con el que acordé. Y su presentación: "Hipercrítico se llama este lugar. Para quienes un día entendimos que habíamos hecho todo mal, estar aquí es casi una tentación". La autocrítica siempre se celebra.

Mañana, Hipercrítica a Hipercrítico (II)

martes, 7 de agosto de 2007

Morir de hambre en la Argentina

En el Chaco hay personas que se mueren de hambre. Desnutridos, abandonados en la miseria y el olvido. Pero no es un escándalo ni político ni mediático, la oposición no se indigna y para una parte del periodismo ni siquiera es un tema principal. Que una situación de este tipo se naturalice es uno de los graves problemas de esta sociedad.

En 2005, de paso por Misiones, me encontré con la noticia de la muerte de una niña por desnutrición. Andrea Dominga Melgarejo tenía 14 años y pesaba 11 kilos. Al regresar a Buenos Aires busqué si el hecho había tenido algún rebote en los medios nacionales. Nada. Apenas alguna línea suelta. Tres años antes la desnutrición en el país había conmovido al país. Eran días de crisis y rebeldías. Desde Tucumán, Barbarita nos había quebrado a todos al contar que la noche anterior no había comido, mostrándonos en la cara nuestras propias miserias. Los casos en Tucumán y otras provincias se sucedían y se armaban colectas y donaciones para los más necesitados.

Pero en 2005, las cuotas habían regresado, el dólar ya se había estabilizado y la clase media ya no pisaba Garbarino o Frávega sólo para mirar, como en la publicidad.

Que a cuatro años de gobierno, Néstor Kirchner no haya terminado con la desnutrición es una demostración de los límites que tiene el esplendoroso crecimiento económico dentro del sistema capitalista. Y que una muerte, una sóla muerte, no implique un escándalo político, también demuestra la hipocresía de esta sociedad.

La prensa, que le pone tanta pasión a las quejas de la oligarquía ganadera, casi ni le dio espacio a la muerte de ayer de una indígena. Prefieren mostrar a CFK con su botox reluciente, hablando ante el recalcitrante Consejo de las Américas. Con todo esto, cuánta verdad hay en la última tapa de Barcelona: "El Gobierno asegura que 'la redistribución ya se hizo' pero que 'lamentablemente no alcanzó para los pobres'.