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miércoles, 5 de septiembre de 2007

Respuesta de Pablo Llonto a Hipercrítica a Hipercrítico (I)

La sombra de la sombra no existe; la muerte de la muerte sí, o apenas, en un libro de Saramago. Tu hipercrítica de Hipercrítico en cambio tiende a convertirse en infinita ya que ahora viene la Hipercrítica de la hipercrítica de Hipercrítico. Por lo tanto, fenece una vez más el principio franquista de "no hacer periodismo de periodistas". Felicitaciones.

Debo advertirte que en próximas ediciones, el anarco-marxismo-periodismo tendrá una identidad más generosa y alejada de las nubes. ¿Periodismo surrealista tal vez? ¿Es eso lo que pretendo? Ay desgracia la mía...toda la santa vida recibiendo cascotazos al grito de "basta de pegarle al grupo Clarín" y un día de 2007 alguien grita ¿por qué no le pegás un poco más a Olé, del grupo Clarín? Prometo dedicarle un domingo al turbio periódico naranja y verde.

Pablo Llonto

PD : Trescientos caracteres para contestarte es casi una ley de censura. A ver si ensanchás la carretera y el derecho a réplica.

(Pablo quiso meter un comentario y no le alcanzó el espacio. Al final lo mandó por correo a la dirección que figura en el perfil de este blog y a la que puede escribir cualquiera de los aludidos en la crítica.)

Hipercrítica a Hipercrítico (I)

Hipercrítica a Hipercrítico (II)

martes, 4 de septiembre de 2007

Hipercrítica a Hipercrítico (II)

Osvaldo Bazán y Gustavo Noriega son, para mí, dos hallazgos. En esto debo estar haciendo, en forma involuntaria, cierta confesión de ignorancia. No los conocía. No en profundidad. A Bazan lo tenía de la televisión -donde casi nada es profundo- y conocía buenas referencias de sus libros, sobre todo de Historia de la homosexualidad en la Argentina. A Noriega, por supuesto, de El Amante además de sus participaciones en Duro de Domar.

Bazan presentó cartas credenciales seductoras: “El periodismo de periodistas es el único reaseguro que nos queda para mirarnos los unos a los otros. Si la manguera de mi colega bombero está tirando agua podrida no hay nada que me obligue a callar. El agua podrida es agua podrida, así la esté usando un bombero o un periodista”. Buena metáfora la de Bazan. Pero no nos quedemos con esto. En la primera columna sobre Tinelli, tira algunos nombres y dijimos que de nombres es de lo que estamos sedientos. Eso, sin contar con que trabaja en el canal que tiene a Tinelli como principal figura. Cuando se mete con Aptra se la juega, sobre todo en estas líneas: "Se privatizan los canales, se revientan las condiciones de trabajo de quienes están en los canales, se imponen formas de producción nocivas, se fomenta la estupidez con una eficacia desconcertante y Aptra no dice nada. Aptra entrega el premio, cobra y todos felices". Osvaldo trabaja en Canal 13, un canal privatizado, no cualquiera se manda una reivindicación de ese tipo en esas condiciones. Pero hasta acá faltaron nombres, más nombres. Si el público, en general, ve a Luis Ventura por televisión como uno de los principales periodistas del espectáculo no sería interesante saber quién es y por qué es capaz de jactarse de que convierte chicas en estrellas. ¿Por qué el periodismo de espectáculos se confunde con el chimento, la nota barata (o cara) y amarillista? Bazan esto podría explicarlo sin problemas. Es difícil dar nombres, se entiende, pero de qué otra manera se convierte uno en hipercrítico. Así y todo, la nota Cómo entrevistar estrellas de Hollywood deja una idea interesante acerca de cómo manipulan las grandes productoras.

“Criticar a los medios no es una posibilidad, es casi un deber del periodismo”, sentenció Noriega al arrancar Hipercrítico. Un concepto clarísimo, pero todavía estamos esperando que se la agarre con los medios. Sí, lo hizo con Sirvén, también con los periodistas que buscan argentinos en cada tragedia -aunque nada tenía que ver con el cine- y con José Pablo Feimann y Cristina Mucci. Pero, como ya dijimos, son hipercríticos, no perdonen una. Porque hasta aquí da la impresión de que están yendo para otro lado, que cada uno comenta sobre espectáculos, política, deportes o cine, pero no sobre el periodismo de espectáculos (¿espectacular?), deportivo o político. Noriega es un tipo que sabe mucho de cine. Viene de una revista que puede ser considerada elitista pero que tiene un indiscutido prestigio. Sin embargo es un personaje que supo encontrar un lugar en un panel heterogeneo como el de Duro de Domar. Con esto intento decir que Noriega es un intelectual pero que puede hablarle al televidente o escribirle al lector desde un lenguaje llano. Lo hace, de hecho. Por eso, podría sacarle mucho más el jugo a su mirada. Ni siquiera tiene ataduras con los medios tradicionales, salvo su relación con Canal 13 que es tercerizada, o con La Red, en el programa de Majul. No hay necesidad (más allá de la de Noriega) de hablar del pochoclo. ¿Es hipercrítico con la prensa o con el espectador? Noriega tiene mucho más para contar que hacer la crónica del crunch crunch de dos chicos que habrán visto esos baldes de palomitas de maíz en otras tantas películas norteamericanas. La distancia entre esa columna y la que escribió sobre Michael Moore y su pelea con Wolf Blitzer está a la vista.

Mañana, si Arnet quiere, la tercera y última parte.

Leer Hipercrítica a Hipercrítico (I)

miércoles, 29 de agosto de 2007

Hipercrítica a Hipercrítico (I)

Cuando Luis Majul comenzó a cerrar su programa con el no creas todo lo que te dicen los medios, la frase me sonaba superflua. Le faltaba dar alguna puntada más para que se convirtiera en un concepto serio. Quiero decir: que Majul dijera no le creas a los medios, ni siquiera a este no significaba nada salvo que él nos explicara por qué. Y esto a pesar de que muchos no le creíamos a los medios desde antes de Majul. Entonces vino Hipercrítico y yo no apostaba dos mangos porque pienso que siempre hay límites, algo que creo habérselo dicho a Pablo Llonto cuando me lo comentó. Mucho más cuando las críticas van hacia periodistas, hacia colegas. Y aunque creo que en Hipercrítico hay límites, igual se convierte en una propuesta interesante. Majul suele ser (híper) criticado, pero ¿cuántos se animarían a montar un sitio -¿o un blog?- con las características de Hipercrítico? ¿Cuántos jugarían sus fichas a la posibilidad de ganarse enemigos en los medios?

El periodismo de periodistas es necesario. Es decir, criticar a la prensa resulta muy importante porque se trata de una actividad que cuando es objeto de la observación del otro -del par- se incomoda, pero también porque en general es vista como inmaculada. Desde hace mucho tiempo los medios son parte de los resortes del poder. Incluso hay procesos de información que no se entienden si no se explica qué ocurre en los medios. Es decir, no alcanza con saber si apareció una bolsa en el despacho de la ministra de Economía sino también hay que conocer quién tuvo la primicia, cómo la consiguió, y por qué los otros medios no se hacen eco en forma inmediata. Esto no significa que sea lo correcto pero nos hemos acostumbrado bastante. Si Clarín nos da a Romina Picolotti en tapa nos preguntamos por qué, qué intereses se juegan o si es una operación. Los medios (y los periodistas) son actores políticos sin ninguna inocencia. Pero no resulta nada sencillo criticar a colegas, a quienes después uno puede cruzarse en una redacción, una radio o un estudio de televisión. Y mucho menos resulta sencillo criticar a quienes pueden ser tus patrones. Con esta limitación parte Hipercrítico. Cualquiera de los que vivimos del periodismo conocemos las miserias que se ven por dentro pero nos cuesta mucho revelarlas por temor, entre otras cosas, a perder nuestro laburo. Controlar nuestra autocensura es una de las tareas que nos toca a la hora de mirar a la prensa.

Pero ahora es momento de la crítica. La Hipercrítica a Hipercrítico. Después de cuatro meses, algunas pistas tenemos. En primer lugar hay que insistir con que es agradable que la prensa se mire el ombligo. Años de mentiras no sólo merecen la crítica, sino también la autocrítica. Al fin y al cabo, nosotros estamos en los medios. En ese sentido, Hipercrítico se convirtió en una referencia y esto, desde luego, es saludable. Sin embargo, faltan nombres. Nombres propios. Que nos hablen de tal o de cual. Que le den con un caño a fulano y mengano. Y a zutano lo elogien. Las cosas en su lugar. Es la única forma de que, además de criticar, generemos conciencia crítica en lectores, televidentes u oyentes (me niego a decir consumidores). El quién es quién en los medios puede ser un cuadro sinóptico pero también un sitio donde se cuente cómo actúan los periodistas. Que Osvaldo Bazan nos hable de Jorge Rial; que Gustavo Noriega se encargue de Catalina Dlughi; que Majul atienda a Eduardo Van der Kooy; que Llonto no tenga piedad con Fernando Niembro, y Juan Terranova sea implacable con Osvaldo Quiroga. Es cierto, sí, dirán que los hubo. Pero faltaron más. Queremos más. Algunas notas esbozaron lo que sería la hipercrítica. Quizá esta o esta o esta. Creo que no más, aunque existan otras muy buenas. Es decir, estamos esperando la critica severa a los medios y a los periodistas. ¿Ustedes se imaginan si hiciéramos periodismo sin dar nombres? Que no nombremos a tal ministro o a tal juez. Que dijeramos: "La Justicia hace esto" o "Los ministros no hacen nada". Pero ¿quién, cuál, qué cargo ocupa, por qué sigue ahí?

Luis Majul tiene el mérito de poner la cara en este sitio o blog colectivo. Insisto: no cualquiera arriesga a ganarse enemigos. Hacer periodismo sobre los medios implica también mirar la paja de la empresa en la que uno labura. A Majul le tocó con América TV y salió airoso. Llonto también se encargó de tipos de La Red –donde se emite el programa de radio de Majul- y eso siempre puede implicar que “los amigos” pidan bajar los decibeles. Porque lo podrá escribir Bazan, Noriega o Terranova, pero es "la página de Majul". No muchos periodistas se animarían a armar un sitio de estas características. Vaya a saber por qué Majul sí. Es aquí donde toma cuerpo la frase de no le creas nada los medios. Aquí tiene sentido. Sólo falta que Majul se suelte. Y que esto no suene a consejo sino a una simple mirada.

Había arrancado con los panoramas de los domingos -algo que Ámbito Financiero hace todos los lunes- y estuvo bien. Pero se necesita un Majul que desmenuce a Morales Solá, a Van der Kooy, a Wainfeld; un Majul que explique cómo Morales Solá adhiere al código de Fopea -al que también suscribe la mayoría de Hipercrítico- y después escribe notas donde no se sabe si hay off de record o qué. ¿Por qué Majul llega a la conclusión de que
contra su voluntad, Joaquín Morales Solá, uno de los colegas más respetados, se termina convirtiendo en un propalador de la realidad que el gobierno quiere difundir? ¿Por qué un hipercrítico cree en la voluntad de Morales Solá? ¿En serio Majul, que nos dice que no le creamos nada a los medios, sostiene que Morales Solá no tiene voluntad de propalar la voz del Gobierno? Que se pelee con Diego Gvirtz está bien pero parece casi una disputa personal o la respuesta a cierta inquina por parte de TVR. Él mismo lo dijo en su presentación: “Los lectores buscan cada vez más saber qué hay detrás de los medios y los periodistas, porque intuyen la compleja trama de intereses cruzados que los atraviesan”. Queremos eso: saber qué hay detrás de los periodistas. Y reconocemos que hubo bueno intentos pero falta más profundidad.

Con Llonto hubo nombres. Y acá, la siguiente aclaración: conozco a Llonto, es mi amigo y compañero, pero si pienso sus notas desde un terreno yermo me confunde. Por ejemplo, el hipercrítico en Deportes nos intruduce dogmas como el anarco-marxismo que se transforma inentendible. Es valido que nos cuente desde qué lugar se ubica. Y honesto. Pero si tira algo así, que explique al lector en qué se basa el anarco-marxismo del que habla. Otra cuestión: si no adhiere ni al Código de Ética de Fopea ni a la Declaración de Chapultepec, ¿no sería interesante que cuente por qué? Con sus columnas, Pablo se convierte en un hueso interesante y distinto a la hora de leer. Pero, ¿por qué pierde el tiempo en el profesor Córdoba cuando todavía no se ocupó de meterle la cuchara a fondo a Olé, al que sólo referenció para elogiar a Gustavo Grabia? ¿Por qué lo de Juan José Lujambio? ¿Qué necesidad? Si tan tibio era Lujambio, ¿para qué una columna?

"¿Cuántos paquidermos deben pasar frente a las narices de nuestro periodismo deportivo para que se despierte?", se pregunta Llonto en De Elizondo a Muñoz, sin escalas. En la misma nota, dice que"menos mal que desde algún lejano rincón de Página/12 se oyen, como un zumbido, las denuncias sabatinas de Gustavo Veiga, quizás de los últimos periodistas que levantan losas en el deporte argentino para descubrir negociados, arreglos, vinculaciones, sospechas, violencia". Si esto se suma a que en Olé le gusta leer a Grabia, entonces no se entiende bien qué quiere Llonto de los medios. Porque no podrá pretender que todos se encarguen de los mismos temas. Así como Grabia se encarga de los barras, otro se encargará del torneo de Polo. Parece, al menos, que Llonto lee sólo algunos medios y, en general, prefiere a los grandes. Sin desmerecer el enorme trabajo de Veiga y Grabia, Llonto olvida a muchos periodistas, quizá anónimos algunos, que en sus redacciones intentan en todo momento superar la censura. En la mayoría de las ocasiones no lo logran y algunos terminan publicando artículos en medios alternativos. Llonto lo sabe, sólo falta que lo escriba.

Y a esta altura pienso, porque es de noche y pienso, que cualquiera escriba lo que se le cante y listo, por qué yo vengo a decirles esto no y esto sí. Pero me atrevo a hacerlo basado en la necesidad de lo hipercrítico.

Dos logros en Llonto: defendió la publicación de las fotos de Nora Dalmasso y eso es una incorreción pero también un acto de libertad con el que acordé. Y su presentación: "Hipercrítico se llama este lugar. Para quienes un día entendimos que habíamos hecho todo mal, estar aquí es casi una tentación". La autocrítica siempre se celebra.

Mañana, Hipercrítica a Hipercrítico (II)