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domingo, 9 de septiembre de 2007

Hipercrítica a Hipercrítico (III)

Terranova es un gran escritor. Soberbio. Altivo. Algo que a veces esto me cae bien. Terranova destila esa soberbia ácida y la tira sobre Fernando Iglesias, por ejemplo. Lo llama gorila, algo que ya no significa ser sólo antiperonista sino más bien antipopular. Le tira su soberbia y su peronismo a Aguinis. Que le tire su peronismo a Aguinis está bien. Pero que su peronismo lo lleve a hacer apología de Eduardo Duhalde, es demasiado. Es imposible leer sobre Duhalde y no esperar una mínima referencia a los asesinatos de Kosteki y Santillán. Es válido conocer qué pasa dentro del poder, pero más válido es saber que en eso hay manipulación. Y la manipulación tiene bastante de ficción, lo que nos llevaría a pensar que de "no ficción" el libro de Duhalde sólo tiene una parte, como corresponde a libros de personajes tan oscuros.

Terranova hace preguntas cuando escribe. Me gusta que se pregunte, un hipercrítico debe preguntarse:"¿Las editoriales tienen influencia en la opinión sobre los libros? ¿Es el mercado de la reseña literaria ámbito del crimen, o más bien una zona irrelevante de los medios ?" También resuelve conflictos personales en otras columnas e intenta hacer justicia por su generación 00 (¿Generación de qué? ¿Mi generación? ¿Nuestra generación?). Son detalles. Está bien elegido el hombre, lástima sus contricantes, en alguna ocasión faltos de cierta formación intelectual. "Agarratela con alguien de tu edad, Terranova"·, se dice en el barrio. Me gustaría que se meta con el periodismo hecho y derecho. Toma los suplementos, está bien, pero los críticos de libros... ¿quiénes son los críticos de libros? ¿Tienen predilección por alguna editorial? ¿Hacen amiguismo cuando reseñan? ¿Quiénes lo hacen? Nombres, por favor. Si son mentirosos, que se sepan. Crítica a una crítica, por ejemplo, ¿no estaría bueno?. Una contracrítica. O una contrahipercrítica. ¿Cuál sería la pregunta, Terranova?

Ahora me doy cuenta que no escribí de Cicco. De Cicco sólo vamos a decir que como asesino serial deja demasiadas huellas. Lo encontrarían al segundo asesinato. O en el primero. No me interesa que critique a Pepe Eliaschev por sus cenas de fin de año ni por su flequillo. Tampoco me interesa que mezcle a Diego Fucks con Nino Dolce, personajes notoriamente diferentes. Ni siquiera que simplique a un personaje como Chiche Gelblung, que tiene lados más cuestionables que las curiosidades que frecuenta su mente. Parece, Cicco, una síntesis del posmodernismo, sin ideologías ni nada que se le parezca. Hagamos reir y nada más. Lo de Nik estuvo bien, es cierto. Igual, a Cicco lo prefiero como actor porno.

Algunas preguntas finales sobre Hipercrítico. ¿Por qué Julián Gallo dejó de escribir y la sección Medios está casi desierta? Hubiera sido buena una aclaración. ¿Por qué se dejó el blog de discusión? Había empezado bien aunque de algún modo el "Abierto al público" lo sucedió. ¿Cómo se llegó a cometer el error de inaugurar una sección llamada "Cinco preguntas incómodas" para luego titularla "¿Me permite una pregunta?" que sería todo lo contrario a incomodar? Que un periodista tenga que preguntar primero "¿Me permite una pregunta?" me sabe a sumiso más que a hipercrítico.

Hipercrítico es una buena intención, con integrantes interesantes pero a los que se les nota limitaciones a la hora de dar nombres, de ejemplificar, de ser claros en la crítica. Aún con estos defectos, se trata de un espacio interesante y sin muchos antecedentes para revisar los recovecos de la prensa.

Leer Hipercrítica a Hipercrítico (I)

Leer Hipercrítica a Hipercrítico (II)

martes, 4 de septiembre de 2007

Hipercrítica a Hipercrítico (II)

Osvaldo Bazán y Gustavo Noriega son, para mí, dos hallazgos. En esto debo estar haciendo, en forma involuntaria, cierta confesión de ignorancia. No los conocía. No en profundidad. A Bazan lo tenía de la televisión -donde casi nada es profundo- y conocía buenas referencias de sus libros, sobre todo de Historia de la homosexualidad en la Argentina. A Noriega, por supuesto, de El Amante además de sus participaciones en Duro de Domar.

Bazan presentó cartas credenciales seductoras: “El periodismo de periodistas es el único reaseguro que nos queda para mirarnos los unos a los otros. Si la manguera de mi colega bombero está tirando agua podrida no hay nada que me obligue a callar. El agua podrida es agua podrida, así la esté usando un bombero o un periodista”. Buena metáfora la de Bazan. Pero no nos quedemos con esto. En la primera columna sobre Tinelli, tira algunos nombres y dijimos que de nombres es de lo que estamos sedientos. Eso, sin contar con que trabaja en el canal que tiene a Tinelli como principal figura. Cuando se mete con Aptra se la juega, sobre todo en estas líneas: "Se privatizan los canales, se revientan las condiciones de trabajo de quienes están en los canales, se imponen formas de producción nocivas, se fomenta la estupidez con una eficacia desconcertante y Aptra no dice nada. Aptra entrega el premio, cobra y todos felices". Osvaldo trabaja en Canal 13, un canal privatizado, no cualquiera se manda una reivindicación de ese tipo en esas condiciones. Pero hasta acá faltaron nombres, más nombres. Si el público, en general, ve a Luis Ventura por televisión como uno de los principales periodistas del espectáculo no sería interesante saber quién es y por qué es capaz de jactarse de que convierte chicas en estrellas. ¿Por qué el periodismo de espectáculos se confunde con el chimento, la nota barata (o cara) y amarillista? Bazan esto podría explicarlo sin problemas. Es difícil dar nombres, se entiende, pero de qué otra manera se convierte uno en hipercrítico. Así y todo, la nota Cómo entrevistar estrellas de Hollywood deja una idea interesante acerca de cómo manipulan las grandes productoras.

“Criticar a los medios no es una posibilidad, es casi un deber del periodismo”, sentenció Noriega al arrancar Hipercrítico. Un concepto clarísimo, pero todavía estamos esperando que se la agarre con los medios. Sí, lo hizo con Sirvén, también con los periodistas que buscan argentinos en cada tragedia -aunque nada tenía que ver con el cine- y con José Pablo Feimann y Cristina Mucci. Pero, como ya dijimos, son hipercríticos, no perdonen una. Porque hasta aquí da la impresión de que están yendo para otro lado, que cada uno comenta sobre espectáculos, política, deportes o cine, pero no sobre el periodismo de espectáculos (¿espectacular?), deportivo o político. Noriega es un tipo que sabe mucho de cine. Viene de una revista que puede ser considerada elitista pero que tiene un indiscutido prestigio. Sin embargo es un personaje que supo encontrar un lugar en un panel heterogeneo como el de Duro de Domar. Con esto intento decir que Noriega es un intelectual pero que puede hablarle al televidente o escribirle al lector desde un lenguaje llano. Lo hace, de hecho. Por eso, podría sacarle mucho más el jugo a su mirada. Ni siquiera tiene ataduras con los medios tradicionales, salvo su relación con Canal 13 que es tercerizada, o con La Red, en el programa de Majul. No hay necesidad (más allá de la de Noriega) de hablar del pochoclo. ¿Es hipercrítico con la prensa o con el espectador? Noriega tiene mucho más para contar que hacer la crónica del crunch crunch de dos chicos que habrán visto esos baldes de palomitas de maíz en otras tantas películas norteamericanas. La distancia entre esa columna y la que escribió sobre Michael Moore y su pelea con Wolf Blitzer está a la vista.

Mañana, si Arnet quiere, la tercera y última parte.

Leer Hipercrítica a Hipercrítico (I)